Lucas y Mariano están sentados en una mesa.
-¿Y a tí qué te pasa?
-No me pasa nada.
Justo en ese momento, Sara pasa por al lado, llendo hasta el fondo del bar, con sus amigos. Mientras, Lucas la sigue con la mirada.
-Nada... Es por la niña, ¿no? ¿Es por Sarita?
-No es por Sarita. Es por Paco. Es su ojito derecho, Sara, y... dos años es mucho tiempo, Mariano.
-Lucas, llevas dos días sin comer, has fregado los cacharros, has tendido la ropa... No es por Paco, ¿verdad? Es por tí. ¿Qué te pasa? ¿Que no sabes si vas a poder aguantar dos años sin ver a Sara, no? ¿Es eso?
Lucas mira a Sara, que habla con Coque y los demás, guardando silencio unos segundos.
-Lo siento. Lo siento, Mariano, es que no puedo evitarlo. No puedo evitarlo. ¿Qué hago, Mariano?
Llega Paco, y los dos le miran.
-Joder, joder. Te lo prohíbo, ¿me oyes?
-Te lo prohíbo...
-¡Te lo prohíbo! Te prohíbo que te enamores de Sarita. Que no puede ser, Lucas, coño, no puede ser.
-Ojalá fuera tan fácil, ¿sabes? Ojalá me lo pudiese prohibir. Que es una niña, joder, que me estoy volviendo loco, ostia.
-Yo lo que tendría que hacer es ponerte las esposas y llevarte delante de un juez. Que es un delito, Lucas, que es un delito, coño, que es una menor.
-Mira, espósame. Y llévame. Me entrego, Mariano, tío, me entrego.
-Lucas, si no te olvidas de Sara, lo pierdes todo, ¿me oyes? Pierdes a Paco, pierdes a Lola, lo pierdes todo. Todo, Lucas.
Lucas vuelve a mirar a Sara, cruzándose las miradas de ambos.
-Ya lo sé. Ya lo sé... ya lo sé...
Comienzan a caerle algunas lágrimas, mirándose aún con Sara.
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