2º DÍA (primera parte)
Como cada mañana te presentas a las 10.30 de la mañana en mi portal. Con el motor del coche encendido y nuestra canción sonando al volumen justo para que la oiga cuando abro la puerta. Otro día más a tu lado pero no como otro día más. Este iba a ser diferente. Notaba que lo nuestro cambiaría pero no sabía si a mejor o a peor. Abro la puerta del portal y ahí estás tú para decirme como cada mañana: “Buenos días mi niña”, y darme un beso con el que me quede helada. Me das la mano y todavía entre sueños me llevas hasta el asiento del copiloto. Me abres la puerta y una vez dentro la cierras con cuidado. Vamos a mi sitio favorito para desayunar y hoy me toca pagar a mí. ¿No te acuerdas que quedamos en pagar cada día uno? Hoy me toca a mí. Nos traen un Cola Cao y un croissant para mi y un café y una tostada para ti. “¿Qué has soñado hoy princesa?”- me preguntas antes de dar un pequeño trago de café mirándome con curiosidad al ver que empiezo a sonreír. Siempre me sacas todo lo que no te quiero contar, ¿se puede saber cómo lo haces?. “Pues he soñado que me debas una sorpresa. Alquilabas una habitación con las mejores vistas que hay en Madrid. Se veía mi casa, la tuya, nuestra futura casa… todo. Yo subí primero mientras tu te quedabas ‘haciendo algo’. Por fin apareciste por la puerta y al verme la cerraste tan pronto como pudiste y viniste corriendo a mí. Yo estaba sentada en la cama y noté como querías estar conmigo lo antes posible pero a la vez con calma, mucha calma para no tirarme de ella”- te conté mientras me mirabas con ilusión y con cierto miedo. “¿Conseguí tirarte de la cama?”- bromeaste con tu mejor sonrisa. “Estuviste a punto pero no. ¿Te sigo contando o quieres hacerlo realidad y terminar tu un final?”- por la forma en la que me miraste al decirte esto sabía que no querías seguir escuchándome aunque se que te encanta. Querías formar un final o seguir con el principio y formar nuestro propio sueño. “Mi niña, siento meterte prisa pero quiero formar nuestro propio sueño hecho realidad, ¿me dejas hacerlo hoy? Por favor”- me quedé helada, que digo helada, congelada, mucho más que cuando me das ese beso por las mañanas. “No hace falta que…”- me pusiste un dedo en los labios con dulzura para que callase. “Por favor… sé que no hace falta que lo haga pero quiero hacerlo. Necesito hacerlo y ¿sabes qué?, te miraba con miedo porque creía que me habías descubierto. Llevo pensando todo más de un mes y me lo has estropeado pero no pasa nada mi niña. Así te picará más la curiosidad. Lo sé”- me guiñaste un ojo y fui al servicio para ver la imagen que tenía. Espantosa como siempre que vienes y me despiertas. Cuando salí del servicio ya habías pagado y estabas en tu coche esperándome con una amplia sonrisa. “Corre, tengo que llevarte a casa lo antes posible. Mira que hora es ya, las 11.30 y todavía no tengo nada preparado”. Paraste el coche en el portal de mi casa. Te di un beso de despedida, abrí la puerta y cuando me había medio levantado, tiraste de mi camisa y me quedé dentro otra vez. “Sólo dame dos horas. En dos horas baja. Estaré aquí esperándote para hacer realidad nuestro sueño ¿vale?. Ponte guapa princesa”. Antes de salir por fin te di otro beso de despedida. Este fue por tu parte más apasionado que el anterior. “Cómo no me voy a enamorar de ti…”- dije con el brillo de ojos que se me pone cuando te miro con ansia. Abrí el portal con más nervios que de costumbre y subí de dos en dos los 32 escalones. Me metí en casa y empecé a arreglarme. Que nerviosa estaba por dios. Parecía que tenía una gran exhibición delante de 100.000 personas. [1 hora después] Puff, todavía falta una hora y ya estoy lista. ¿Y si te llamo?. Bueno necesitas tiempo, no voy a meter prisa. Te enviaré un sms a ver qué tal va todo: “Mi vida, no es por nada y no quiero meterte prisa pero cuando quieras puedes pasarte a por mi. Ya estoy lista. Tómate tu tiempo ¿vale?”. A los 2 minutos me contestas: “Cuenta hasta 60 cuando termines de leer este sms y baja al portal. Te quiero”. Empecé a contar hasta 60. Uno, dos, tres… cada segundo que pasaba estaba más nerviosa. Veinte, veintiuno, veintidós, veintitrés… como no llegue pronto al 60 moriré. Cincuenta y siete, cincuenta y ocho, cincuenta y nueve y SESENTA. Cogí mi bolsa de deporte con mis cosas. Me miré por última vez al espejo de la entrada y me fui corriendo. Antes de cerrar la puerta chillé: “Mamá no voy a venir a dormir. No te preocupes, estaré mejor que nunca”. Cuando bajé al portal ahí estabas tú, vestido con los pantalones y la camiseta que tanto me encantaban, esperándome, apoyado en la ventana de un vecino. Antes de salir, como tú no me veías, te dediqué una sonrisa y una lágrima no resistió a salir y caer por mi mejilla. Por fin salí y al oír el ruido del pomo de la puerta te giraste con una velocidad sorprendente. No sabía si esa mirada era por algo muy bueno o algo muy malo. Espero que lo primero. Iba muy simple, con mis vaqueros favoritos y la mejor camiseta que tenía. Solo me dijiste una cosa: “¡Te quiero!”. No te atreviste a darme un pequeño beso por si estropeabas el carmín de mis labios. Me llevaste hasta el coche con cuidado como si llevase tacones y solo llevaba las converse blancas que me regalaste. Subiste al coche aún más rápido que cuando te giraste al oír el pomo de la puerta. “Aquí comienza nuestro sueño hecho realidad. Espero hacerlo perfecto”- no podía contener la respiración. “Sé que lo harás más que perfecto”- esta vez no resistió a besarme.
CONTINUARÁ...
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