COMO LAS FOTOS GUARDADAS EN UNA CAJA DE ZAPATOS.

25 ago 2009

Un día en la vida de ella. 4º día (tercera y última parte).

4º día (tercera y última parte).

- ¿Cómo que no te lo crees? Pero… ¿pero que he hecho mal contigo? Por favor, explícamelo porque no lo entiendo…

- Has sido lo mejor y único que me ha pasado en la vida pero es que me he creído todas y cada una de sus palabras y quiero explicarme por qué pero no puedo… lo intento pero hay algo que me dice que a mi también me harás lo mismo y me duele tantísimo… que no puedo seguir viviendo, en serio.

- Lo único que sé es que por nadie, por NADIE, he sentido lo que siento por ti, es algo que no sé… no puedo decírtelo con palabras porque no me salen las palabras cuando pienso en “eso”. Solo se que pierdo el tiempo sin ti, sin tus besos, sin tus abrazos, sin tus miradas, si los roces de tu piel en mi piel. Que te quiero y que sería incapaz de hacerte un daño mínimo.

Dejé que tus últimas palabras retumbaran en mi cabeza y cada una se iba clavando en mi corazón. No podía creérmelo, no podía porque sabía en el fondo de mi corazón, debajo a la derecha, que todo era mentira, que lo hacía porque cualquiera querría tener lo que yo tengo. A ti y a tu corazón. “¿Podemos irnos a tu casa, por favor?”- te dije demasiado desconsolada –“Por supuesto, vamos”- me cogiste por la cintura mientras yo no paraba de llorar. Llegamos 10 minutos más tarde a la puerta, entramos y nos echamos en las mantas mulliditas que teníamos extendidas en el suelo. No era de noche y pegaba demasiado el sol pero necesitaba estar tumbada allí, contigo. “Te quiero y te creo”- te dije mucho más calmada –“Yo si que te quiero mi niña”- empezaste a besarme por primera vez de esa forma que tantísimas veces me había imaginado. Era mejor que cualquier sueño que había tenido contigo y mejor que cualquier otro beso que me hayas dado. Empecé a acomodarme a tu cuerpo hasta poner mi cabeza enfrente de la tuya. El Sol me abrasaba la espalda, necesitaba aire. Empezaste a desabrocharme los botones de la camisa, me la quitaste. Yo te quité tu camiseta, te desabroché el cinturón. Me desabrochaste el sujetador, me lo quitaste. Empecé a bajar tus pantalones y tú los míos. Poco a poco iba notando como el calor era insoportable pero a la vez soportable. Te quería, te quería demasiado y no me preguntes por qué pero sabía que tú me querías igual. “Te deseo”- me susurraste al oído. No pude contestarte lo mismo, no me salía la voz. Por fin habíamos hecho nuestro amor más fuerte y fue más perfecto de lo que me hubiese imaginado jamás.

Sin darnos cuenta llegó la noche. No habíamos comido ni bebido nada en todo el día pero estábamos llenos. Nos habíamos alimentado de nosotros mismos. Nos habíamos pasado toda la tarde y parte de la noche mirándonos y besándonos. Caímos rendidos y no pudimos evitar el dormir casi al mismo tiempo.

Ya había llegado la mañana. Era Domingo y teníamos que volver a la ciudad. No me quería ir de allí, no quería despertarme. No quería levantarme y despegarme de ti. Te amaba más que nunca, más de lo que hubiese imaginado. Todo era muchísimo más perfecto.

Mis ojos se iban abriendo poco a poco pero esta vez no estabas durmiendo. Hoy eras tú quien me miraba a mí: “Buenos días”- me dijiste con una sonrisa más enorme que nunca. En la vida creía que alguien me iba a mirar de la forma en que me mirabas por primera vez. “Tenemos que irnos mi niña, ya llegamos tarde y tu madre me mataría si no te llevo dentro de 1 hora y 15 minutos”- me dijiste un poco triste al ver que teníamos que abandonar aquel lugar tan, tan, tan, tan, tan especial.

Después de recoger todo, poner rumbo a la ciudad y decir adiós a aquel sitio al que muy pronto volveríamos, llegamos a mi portal. Mi famoso portal. Me ayudaste a sacar la maleta del maletero y me acompañaste hasta la puerta. Vi que se había borrado la sonrisa de tu cara pero antes de preguntarte nada dijiste: “Jo, no me quiero ir, no quiero separarme de ti, quiero volver allí, el sitio que todo me lo ha dado, incluso ha hecho que te entregues a mí, pero bueno, mañana será otro día y será mucho mejor ¿a que si mi niña?”- como te quería con toda mi alma… -“Si mi niño, mañana será otro día y será mucho no, muchísimo mejor. Te quiero demasiado”- y me besaste por última vez, pero sería la última vez de hoy.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me e equivocado! xD

Te escribo d nuevo!

Me encanta TODO lo q escribes! (L)

Y q,me tendras q enseñar a llevar esto,q ni idea! xD

Y ya sabes . . .

AQUI PARA LO Q NECESITES . . .

TE QUIERO y GRACIAS . . .

Victoria Espinoza dijo...

Joh tia.
Que bonito *_*