COMO LAS FOTOS GUARDADAS EN UNA CAJA DE ZAPATOS.

26 jul 2009

Un día en la vida de ella.

1º DÍA.

Una noche como otra cualquiera. Era verano. Las 12.30 PM. Tú y yo en medio de la carretera contemplando un cielo oscuro, lleno de estrellas y con dos Lunas. Luna y Marte. Se apreciaba perfectamente cuál era cuál y era el mejor momento de mi vida. Estábamos en el capó de tu coche, tumbados. Tú pasabas tu brazo por debajo de mi cuello para que me acomodara en tu pecho como cuando estoy muerta de miedo y necesito sentirme en casa. Quería estar pendiente del cielo porque a mi me encantan estas cosas pero no podía. Te notaba muy cerca y notaba tu aliento acechándome y no me quedó otra alternativa que besarte. Besarte hasta absorber la última gota de alcohol que había en tu boca. Hasta no poder respirar y me digas que pare, que te ahogas. Yo no podía parar pero de repente pasó una estrella fugaz en medio de ese espectáculo tan asombroso que solo vería una vez en la vida. Me avisaste para que pidiese un deseo antes de que desapareciese y lo pedí corriendo. Pedí que esta noche nunca se acabara, no podía dejar que acabase porque era tan… tan nuestra noche. No podía creer que me estaba pasando y que era de verdad. Nos quedamos contemplando el cielo otra vez y me quedé dormida escuchándote cantar nuestra canción. Cuando empezó a amanecer un rayo de sol me despertó y ahí estábamos tú y yo, en el capó de tu coche, tumbados y tapaditos con una manta que llevas siempre en el maletero por si alguna noche tengo frío. Te miré a los ojos a ver si tú también te habías despertado pero no. Estás tan mono cuando duermes que temo despertarte, pero estás tan mono cuando te despiertas… Me diste el primer beso del día y con una sonrisa dijiste: “Buenos días princesa”. Me levanté de tu pecho con pena. Sabía que esto nunca más iba a pasar y tenía la sensación de que nuestros días se acababan. Empezaron a caer lágrimas por mi mejilla y me metí dentro del coche corriendo poniendo la escusa de que tenía frío, que te esperaba dentro. No quería que me vieses así. Empezaste a recoger la manta y la metiste en el maletero. Mientras lo cerrabas miraste por el retrovisor del copiloto para verme y viste como me secaba las lágrimas. Fuiste corriendo a tu asiento y no cerraste ni la puerta. “¿Por qué lloras pequeña?”, me dijiste. “No puedo creer que esto me esté pasando a mí, que estamos hablando de mí, que soy la última persona con la que tienes que vivir lo que estamos viviendo y tengo la sensación de que lo haces por pena y no puedo dejar de pensar que esto se va a acabar tarde o temprano, porque te cansarás de mi y esto me está matando por dentro”. Te veo demasiado perfecto y yo soy demasiado imperfecta. “¿Pena? ¿Me estás diciendo que crees que todo esto lo hago por pena? Eres la chica más maravillosa que existe y cada segundo me repito por qué has acabado conmigo, cómo los demás no han visto lo perfecta que eres, cómo no se han dado cuenta y pienso que soy el chico más afortunado del mundo por tenerte y me dices que si es ¿por pena? Vamos a ver, yo te quiero y te quiero de verdad y tú sola has conseguido sacar eso de mí que nadie había conseguido sacar. No te imaginas lo que sufro al pensar que te alejarás de mí por si la cago, por lo que sea. Mido cada palabra que digo y cada hecho que hago. Me despierto todos los días con una sonrisa en la cara porque sé que te voy a ver y que voy a besar tus labios las veces que quiera. Pena no mi amor. Estoy enamorado de ti y creo que te lo he ido demostrando cada día que hemos estado juntos y esto nunca se acabará por mi parte. Que te quiero, ¿vale?” Tus palabras me dejaron completamente paralizada. Las lágrimas se me cortaron de repente y no sabía ni que decir, ni que hacer para demostrarme a mi misma que no había muerto. Me cogiste entre tus manos una vez más y me acercaste a tu rostro: “¿Te ha quedado claro que lo único por lo que siento pena es por si en algún momento mis días contigo se acaban por mi culpa?” y me besaste como tú solo sabes hacer. Solo pude decir dos palabras más: “Te quiero”. Me llevaste a mi sitio favorito a desayunar y cuando me bajé de tu coche y me cogiste de la mano entendí que nunca más me ibas a soltar. Que siempre estaríamos juntos y que harías todo lo posible para que cada segundo de mi vida fuese feliz.

1 comentario:

Victoria Espinoza dijo...

Tia es super bonito (L)!
Ojala yo pudiera escribir algo tan largo *-*
Sabes qué te quiero mucho !?