4º día (primera parte).
“¿Qué tal otra sorpresa hoy?”- me dijiste nada más entrar en tu coche. “No por favor…”- dije entre sollozos. Odiaba que siempre me estuvieses sorprendiendo y yo no fuese capaz de hacer lo mismo por ti. “Pasaremos el fin de semana fuera, un fin de semana diferente al resto. Nos vamos al pueblo de mis padres, a nuestra casa de allí, ¿quieres?”- dijiste con ganas porque sabías que me moría por ir y ver aquello que solo vi 5 minutos de pasada un día. No te dije ni si ni no, lo dedujiste al verme salir corriendo del coche y bajar a los 10 minutos con una pequeña maleta. Me metí al coche después de dejar la maleta en el maletero: “Ya está, ya nos podemos ir”- dije mirando al frente deseando que arrancaras. Antes de arrancar me cogiste la cara y me diste un beso en los labios. Fue un beso diferente de los que me has dado hasta ahora, sabía a ganas, a amor, a ilusión y a zumo de piña (mi favorito). Arrancaste y pusimos rumbo a aquel sitio que tan mágico me parecía. Tardamos una hora y 15 minutos en llegar. No me enteré de que habíamos llegado, ya que durante el viaje me quedé dormida escuchando música. Entre sueños noté tu cálida mano por mi mejilla. De repente abrí los ojos y al aspirar el aire que nos rodeaba se notaba que era especial. Era aire puro, limpio, perfecto. Bajamos las maletas del coche y las colocamos en la habitación donde dormiríamos. Los dos. Juntos. “No te cambies, nos vamos”- me dijiste cuando veías que me iba a poner cómoda. Me sacaste corriendo de la casa y me metiste en el coche. Nos pasamos por una pequeñita tienda antigua de chuches y compraste (no me dejaste pagar nada) unas cuantas bolsas y gominolas de las que tanto me gustan. “¿Dónde me llevas?”- dije con curiosidad mientras te metía una gominola en la boca y tu conducías –“Vamos a un sitio al que iba yo cuando era pequeño. Venía cuando no tenía ganas de ver a nadie, cuando quería encerrarme en mi propio mundo. Lo descubrí un día caminando por aquí”. Llegamos a un puente antiguo, que en breve se hundiría todo: “Es más fuerte de lo que parece”- me dijiste al ver que pasaba con miedo. “¿Y este es el sitio?”- con solo estar encima de ese puente me sentía afortunada porque lo veía tan precioso… “Espera y verás”- dijiste con una pequeña sonrisa. Me diste un beso y me cogiste con más fuerza aún la mano que me agarrabas. Saltamos unas cuantas piedras y acabamos debajo del puente. Era más precioso que estando arriba, pasaba el rió más limpio que jamás había visto a dos milímetros de mis pies, con un agua casi cristalina y fría, perfecta para la temperatura que hacía. “OH”- dije con los ojos más brillantes que el agua que estaba viendo- “¿Te gusta? Quería compartirlo contigo. Siempre me he imaginado venir con alguien y compartir este sitio que solo conocemos nosotros y ahora te ha tocado a ti. Aquí me pasaba horas y horas, contemplando y pensando en todo lo que me había ocurrido hasta ahora. Estando aquí pensaba en ti sin ni siquiera conocerte”- te besé, te besé justo cuando terminaste de decir la última letra. No podía creer lo que habías dicho. Eso significaba que pensabas en alguien como yo antes de conocerme, en alguien tan imperfecta, tan torpe, tan tonta, tan… enamorada de ti como lo estaba cada segundo de mi vida. Pasamos toda la tarde sentados en el borde del río, teniendo los pies en remojo en aquella agua, comiéndonos las chuches y jugando a querernos. Vi que tu rostro cambiaba. Se estaba borrando la sonrisa de tu cara. Te cogí por la barbilla y puse a cinco centímetros tu rostro del mío: “Eh, ¿estás bien?”- dije con preocupación –“Si, estoy en el mejor sitio del mundo con la mejor persona del mundo…”- dijiste con una pequeña sonrisa –“pero…”- mi rostro también empezó a cambiar –“¿Pero?”- dije más nerviosa que nunca –“Pero tengo miedo… desde lo que pasó aquella noche en el coche cuando intentaste que fuese la mejor noche de mi vida. Tengo miedo de que llegue alguien y te pueda dar todo lo que yo te doy y mucho más”- por como dijiste eso estabas loco, no hay nadie capaz de hacer eso: “Mira, si viniese ahora mismo un príncipe azul perfecto, lo mandaría a la mierda, porque solo tu puedes conseguir que cada segundo a tu lado sea más que perfecto, más que perfectísimo, más perfecto que el mejor de mis sueños”. Tu rostro cambio y volvió a convertirse en la mejor sonrisa del mundo. Me besaste pero esta vez también fue diferente y única a las demás. No sé si sería por el sitio o porque tu amor hacia mi había aumentado. “¿Sabes qué? Las sorpresas aquí acaban de empezar”- dijiste con una sonrisa de oreja a oreja y volviste a besarme.
CONTINUARÁ…
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