“¿Me puedes llevar a casa 5 minutos?”- dije rogándote aunque sabía que no lo tenía que hacer. “¿Qué piensas hacer?”- me dijiste con una mirada de pánico. Tenía pensado algo y sabía que a ti te haría mucha ilusión. “Tú solo deja que las cosas pasen, sin preguntas, por favor, hoy me toca a mi”- no te gustaba nada eso de que yo intentara hacer cosas por ti, pero no podía pasar toda mi vida a tu lado y que solo uno se esfuerce en hacer feliz al otro. Me llevaste a casa y esperaste los veinte minutos que tarde en bajar. Llevaba lo mismo que había subido, el bolso del que nunca me separo. “Pero que has…”- dijiste asombrado. Antes de que pudieras terminar la frase te tape la boca: “Sin preguntas por favor”- después destapé tu boca y te di un beso. Esta noche estabas irresistible. Saqué un plano de Madrid de mi inseparable bolso y había un sitio señalado: “¿Podemos ir ahí?- me miraste demasiado raro, como siempre que quiero sorprendente: “¡Pero si es el sitio donde pasamos nuestra primera noche no oficial en el capó de mi coche!”- dijiste demasiado asombrado. Yo estaba contemplándote con una sonrisa de oreja a oreja. “¿Podemos volver? Déjame que esta noche la organice yo y sea perfecta, sabes que estas cosas no se me dan bien pero quiero intentarlo”. Notaba como una lágrima de tus ojos estaba deseando salir. Empezamos nuestro rumbo a ese sitio tan especial para nosotros. Me encanta ir allí porque es donde mejor se ven las estrellas y donde mejor puedes captar los detalles de una noche de verano. Durante los 16 minutos que se tarda en llegar, pasamos el rato escuchando música, cantando y hablando, sobre todo hablando. “Mira mi niña, llevo meses pensando en todos los motivos que me das para que cada mañana tenga una ilusión distinta. Son demasiados y no te los puedo decir pero cosas como esta son los motivos más grandes por los que te quiero, porque te preocupas por mi, cada vez que me pasa algo me lo notas y no es necesario que te lo cuente porque con una mirada te digo todo lo que quiero y eso no me había pasado con nadie. Siempre estás atenta a todo lo que me rodea. ¿Y sabes lo que más me gusta? Contemplarte cuando estás hablando con alguien y yo estoy esperándote en una esquina y cada 4 segundos me miras de reojo para saber que estoy bien, y cuando te aseguras de que estoy bien, sonríes”- en todo este tiempo me has dado muchos discursos pero ninguno como este. Son detalles pequeños pero que para mi significan mucho porque eso significa que te fijas en lo más mínimo. Entre palabra y palabra ya habíamos llegado y ya habías aparcado y ni me había dado cuenta. Tenía que decirte por qué habíamos llegado hasta aquí pero me resultaba un poco difícil: “Bueno mi niño, tengo que darte una explicación de por qué esta escapada tan repentina. A lo mejor piensas que no es el mejor sitio y que tu lo hubieses preparado muchísimo mejor pero… esto… bueno… quier… quiero que nuestro amor se haga más fuerte. Creo que esta noche es nuestra noche y si no lo intentamos no sé si voy a ser capaz nunca”- te quedaste helado y me abrazaste: “¿Estás segura mi niña? Que yo no tengo ninguna prisa, que no me voy a ir a ningún sitio, que no lo hagas por mí, hazlo por los dos”- “Estoy más que segura, en serio”- me volviste a abrazar y empezaste a besarme con miedo. Estabas temblando y me separe de ti: “¿Qué te pasa? ¿Por qué tiemblas? ¿Estás bien?”- sabía que te pasaba algo y no estabas cómodo al 100%. Te quedaste mirando al suelo: “Es que tengo que decirte algo y a lo mejor por decírtelo se va todo mi respeto a pique- dijiste entre nervios –pero es que… yo nunca le he demostrado mi amor de esta forma a nadie. Puede que te rías un poquito de mi pero es que no he sentido con nadie esto que siento contigo y nunca he podido ir más allá en una relación”- puff, sentí un alivio por dentro increíble: “Mi niño, no te voy a negar que me he quedado sin palabras pero NUNCA me reiría de ti por eso, pero también me cuesta creerlo, eres un ser perfecto, eres ese chico con el que toda niña sueña y ahora te tengo aquí delante y me cuesta creerlo la verdad pero no por eso eres peor, es más, has conseguido que aclare algunas pequeñas dudas que tenía así que si no estás preparado, igual que tú me has esperado, yo puedo esperar. Tampoco me voy a ir a ningún sitio y no tengo prisa”- te dije con la mayor sinceridad y respeto del mundo. Salí del coche, cogí la manta que guardabas siempre en el maletero y la extendí por el capó del coche. Mientras tanto tu seguías con la mirada cada paso que daba. Fui a la ventanilla en la que estaba, abrí la puerta y te saqué arrastras. Cuando por fin te levantaste pude abrazarte lo más fuerte que mi fuerza me permitía. Notaste como bajaba la mirada porque no había conseguido crear una noche perfecta para ti: “No te preocupes mi niña, es una noche perfecta con solo estar a tu lado”- me besaste con pasión. Me cogiste la mano y me llevaste al capó del coche. Nos tumbamos para contemplar aquella noche llenísima de estrellas que había y permanecimos callamos. Nos pasaríamos allí toda la noche y aunque sabía que no lo había conseguido sé que algún día podría, solo era cuestión de tiempo, cuestión de pasar otro día en mi vida que, ahora, compartía con él.
9 ago 2009
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