COMO LAS FOTOS GUARDADAS EN UNA CAJA DE ZAPATOS.

4 ago 2009

Un día en la vida de ella.

2º DÍA (tercera y última parte)

Los primeros rayos del Sol de la mañana me iban iluminando en la oscuridad. Esto me recordó a aquella noche que pasamos en el capó de tu coche contemplando la Luna y Marte. Poco a poco iba abriendo los ojos y lo primero que vi es a ti, tan perfecto como siempre. Tenía ganas de despertarte y asegurarme de que lo primero que vieses fuese a mí pero tardaste un minuto en hacerlo. Mientras te miraba abriste de repente los ojos y lo primero que viste fue a mí, como me prometiste. Creía que no se podía elegir la primera visión del día, pero hoy me he dado cuenta de que sí, que puedes elegir a qué o quién mirar primero. “Buenos días princesa, ¿qué tal has dormido sobre mi hombro?”- dijiste entre bostezos. “¿Tú que crees? He dormido mejor que nunca, mejor que en el capó de tu coche, mejor que cuando era pequeña y mi madre venía cuando empezaba a llorar y lo único que deseaba era eso, y aparecía… mejor que nunca. ¿Y tú?”- mientras decía cada palabra notaba como me ibas agarrando con más fuerza y me acercabas a ti, hasta que ya no podíamos estar más cerca. “He dormido mejor que tu”- dijiste con tu perfecta sonrisa. No me puedo creer que estés tú a mi lado, que estemos en esta situación, es que no me lo creo. “¿Por qué eres tan bueno y perfecto conmigo? ¿Por qué me cuidas tanto? ¿Por qué haces todos los malditos segundos perfectos cuando estoy a tu lado? No me merezco todo esto... no te merezco”- dije con tristeza. Tú me miraste sorprendido y no dabas crédito a lo que te decía: “Me dices que no te mereces todo esto… llevas razón, te mereces más, te mereces todo el puto mundo, te mereces ser feliz en cada milésima de segundo y si yo lo puedo hacer y yo soy la única persona que puede conseguirlo lo haré. Tú me has enseñado a querer, a mirar más allá que a una persona. Tú haces que haga todo esto sin ningún esfuerzo, eres tú, solo tú, porque no podré hacerlo por nadie, lo sé. Nadie se merece tanto esto como tú. No te imaginas lo que puedo llegar a sentir cuando me rozas, cuando me besas… Es una sensación inexplicable, es algo que no se basa ni en la lógica ni en la razón, solo en el amor”- no pude decir ni una sola palabra, solo tuve la fuerza necesaria para abrazarte. “Bueno basta de lamentaciones y de declaraciones, llega la hora de desayunar”- dijiste después de darme el primer beso del día. Me encanta el primer beso, siempre los recordaré, tienen algo especial, en ellos me explicas que me has echado mucho de menos durante toda la noche y que aquí comienza otro día más y no quieres que acabe porque cuando llegue la noche me echarás otra vez de menos. Llamaron a la puerta. ¿Quién sería?: “Espera aquí mi niña, no mires ¿vale?”- giré un poquito la cabeza para que creyera que estaba mirando: “¡Eh, no mires!”- me reía tanto cuando te hacía de rabiar… Oí tintineos de copas a través del pasillo. Por fin apareciste con un carrito lleno de mis bollos favoritos para desayunar. Que gracioso estabas con tus pantalones de pijama, sin camiseta y con una pajarita que le pediste al camarero que trajo las cosas. “Qué perfección”- pensé. “Señala lo que quieras para desayunar y tápate con la sábana ¿vale? Es una sorpresa”- Ay dios, ¿qué me habrías preparado ahora?: “Vale, te prometo que esta vez no haré trampas”- señalé un croissant que tenía una pinta deliciosa y me tapé con la sábana. Oí algo de ruido pero no podía mirar, te lo había prometido. “Ya puedes mirar”- dijiste con ilusión. Encima de mis piernas había una bandeja con un zumo de naranja recién exprimido y un croissant preparado como a mi me gustan. Del croissant sobresalía un papel. Lo saqué con cuidado para ver que me esperaba y entre la mermelada leí “VALE ESPECIAL: Puedes pedirme lo que quieras, cuando quieras, como si quieres pedirme que cada noche haga realidad un sueño tuyo. Te adoro”. Te miré con asombro. Tú me mirabas con una ilusión que nunca había visto en ti. Te sentaste a mi lado y solo podía recorrer cada milímetro de tu cuerpo con la mirada. “Ahora si que no me lo creo…”- dije casi en un susurro - “No hace falta que digas nada… sólo quiero que seas feliz”. Después de haber desayunado, de habernos reído todo lo que podíamos y de recoger todo, bueno, solo recogiste tú porque no me dejaste, me di una ducha mientras tú bajabas el carrito a recepción. Cuando subiste yo ya había salido y te metiste tu a la ducha. Ya estábamos listos para irnos a casa. Ya habías hecho realidad mi sueño. Increíble, lo habías conseguido. De camino al coche ibas agarrándome de la cintura para no separarme de ti ni un milímetro. Llegamos al portal de mi casa. No quería despedirme aunque sabía que dentro de un par de horas iba a estar a tu lado otra vez. Tenía miedo de que todo acabase aquí. Aparcaste el coche y me acompañaste hasta el portal andando. Tú tampoco querías despedirte. Eran las 2.30 PM. “A las 4.00 vengo a buscarte ¿vale?”- me cogiste una vez más la cara con tus manos. Estabas temblando. Me besaste 3 veces. Después de cada beso intentabas irte pero volvías a besarme hasta que decidí que mejor seguíamos esta tarde porque si no, no terminaríamos nunca, ni por tu parte ni por la mía. Mientras ibas andando por el pasillo del jardín me quedé contemplándote como si fueses un monumento precioso. Te giraste una vez más: “Te quiero. Hasta luego”- Aquí sabía que había acabado nuestro sueño pero sabía que cuando nos volviésemos a ver empezaría otro. Sabía que habría muchos días más, cada día habría uno y junto a él.

3 comentarios:

Victoria Espinoza dijo...

Joer que penita ;__
Pero las ultimas frases se
me han clavado eh *-*
(L)

Amaya dijo...

Me encanta tu blog, de verdad *-*
un besito.

Amaya dijo...

Sí, soy amiga de la rubia jaja tu también no?
un besito :)